De pie junto a la barra del bar, con una cerveza en la mano y la mirada hundida en cualquier losa, sin estar ni triste ni contento, ajeno al gentío del local. Sus amigos están fuera de lugar, y ni que decir tiene el resto de personas que le rodean.
Todo lo palpable carece de valor, y es que son esos minutos del día en el que sólo él y sus pensamientos importan realmente.
Todos se dan cuenta pero ya están acostumbrados, él nunca se ha comportado como los demás, siempre ha sido el raro, el que se ha equivocado de más. Y por seguro que nadie valora ese momento, ninguna persona presente en el local puede entender que significan para él esos minutos de intimidad.
El desgraciado retorna al mundo real, la melena rubia de la chica que ha entrado le ha hecho despertar. Todo vuelve a su lugar, la gente se vuelve a mover, la cerveza vuelve a correr, sus amigos vuelven a cantar y él se lo vuelve a preguntar, una vez más.
Desea con todas sus fuerzas que llegue ese día.
...la melena rubia de la chica que ha entrado le ha hecho despertar.
ResponderEliminarSe nota que te gusta bastante. Lánzate, ahora o nunca.
No van por ahí los tiros...
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